
Es bonito pensar que contigo tengo tiempo sin saber cuántos lunares tiene tu espalda. Imagíname subir por tu ventana, con todo el cielo roto, cayendo pedacito a pedacito en tu boca. Amaría así una eternidad, sabiendo que el naranja de mis sábanas se pegaría a ti como una lapa de suaves dulces liberados de azúcar.
